martes, 31 de mayo de 2016

Pukará La Jarilla. Valle del Choapa.

Presento el primero de los escritos de la serie de la Región de Coquimbo: Pasado y Presente Intercultural: Diaguitas, Incas y Mapuche.


No fue fácil llegar allí. A pesar de las indicaciones de Teresa Olivares Taucán, fueron necesarias dos expediciones para encontrar el sector La Jarilla. Su localización es significativa: queda sobre la cascada que da origen a la famosa poza azul, un lugar sagrado del valle de Chalinga. No es casualidad que los antiguos diaguitas lo hayan construido allí; el agua, fuente eterna de vida, cobijó la vida de los ancestros.

Vista desde La Jarilla

El sitio contiene una abundante cantidad de petroglifos. Las piedras marcadas señalan un sitio de ocupación. Me llamó la atención cuando le consulté a dos vecinos sobre los petroglifos, ellos lo reconocen y lo indican fácilmente, pero no se identifican con él. Es un lugar de indios, dicen, separándose tajantemente de alguna continuidad histórica con ellos.

Sitio La Jarilla al fondo

Tacita de La Jarilla
El lugar es conocido como La Jarilla, uno de tantos sitios de petroglifos del sector de Chalinga. Cuando logré llegar, me dio una impresión diferente, quizás no era solamente uno más, ya que era notoriamente más complejo.

Petroglifo

Me llamó la atención la cantidad de espacios diferenciados, unos cercanos al río, donde se pueden encontrar algunas tacitas en las rocas. Después daba la impresión de tener un sector de vida pública, con una especie de plaza central o centro ceremonial. Al subir por el cerro hay tacitas de variadas dimensiones y da la impresión de estar visitando sectores habitacionales, debido a rocas que se encuentran alrededor de espacios vacíos. Al seguir subiendo por la ladera del cerro, se divisan algunos muros perimetrales que cumplían, quizás, la función de proteger el sitio. Después al divisar la loma superior se percibían ciertas huellas desde donde podrían haber llegado caravanas, pastores o grupos cazadores.

Petroglifo intervenido con inscripciones contemporáneas
¿Cruz del sur?

Posibles alusiones astronómicas
Esta subdivisión de compartimientos me hacen creer que La Jarilla fue más que un simple sitio, que pudo haber sido algún pukará en formación, algún tipo de asentamiento que estaba en proceso de crecimiento y que, quizás, por la invasión del imperio español, se vio interrumpido.

Posible sitio ceremonial o lugar de reuniones

Lamentablemente faltan estudios o alguna socialización de investigaciones realizadas sobre este sitio. Pero quizás lo más nefasto fue la represión cultural ocasionada en la región de Coquimbo respecto a las raíces diaguitas, Incas y Mapuche que se forjaron previo a la llegada de los españoles y de la posterior y aplastante instalación del estado nacional chileno del siglo XIX. Estos lugares quedaron en el imaginario del pasado, ya que, al parecer, son pocos los lugareños que se identifican con ellos.

Petroglifo principal del posible sitio ceremonial

Vista del petroglifo principal
Una de las fuentes que logré encontrar, corresponde al libro Diaguitas del Valle de Chalinga: Patrimonio, Cultura e Identidad (2014)[1] de la comunidad Indígena Diaguita Taucán, donde se señala lo siguiente respecto a un lugar central del sitio La Jarilla:

Las piedras que dan soporte a estas imágenes están dispuestas en un círculo, con un centro despejado. Su significación ritual es clara: un lugar de reunión y observación del cielo, cercano a una importante fuente de agua, como marcando su trascendencia para la comunidad. Es además un lugar conectado por un ramal del camino del Inca que va desde Quilmenco hasta la cordillera, usado hasta hoy por la transhumancia (p 60).
Nuestras intuiciones calzan con lo detectado por la comunidad Taucán, agregando dos datos de suma relevancia, primero la utilización del sitio como centro astronómico y segundo, su evidente conexión con el camino del Inca (Qapac Ñan).








Petroglifos que rodean al posible sitio ceremonial

La comunidad Taucán cumple un rol fundamental en la historia de Chalinga, ya que está fortalecida en torno a la identidad diaguita y al sentimiento místico que se siente en este valle. Gracias a las indicaciones de Teresa, su líder, logré llegar al pukará La Jarilla, un lugar difícil de acceder, pero que muestra sus secretos y virtudes a todo caminante que se aventura a viajar por las laderas ancestrales de los diaguitas.

Petroglifo que marca la subida al cerro

Como lo he planteado en otras ocasiones en este blog, el conocimiento sobre estos sitios se puede obtener desde las intuiciones que se obtienen al entrar en conexión con el lugar, además de complementar esta información con fuentes históricas, arqueológicas y sobre todo con las personas que vibran con el espíritu del pasado y que en eventuales diálogos expresan su conocimiento. Lo que es indudable es que hay muchos lugares y poca información, no obstante la memoria está allí, es cosa de escarbar en el pasado y observar las piedras, las huellas siguen presentes, lo aseguro.

Roca con forma de perfil y con una tacita



Posibles sitios habitacionales


Vista desde el cerro 



[1] Diaguitas del Valle de Chalinga: Patrimonio, Cultura e Identidad (2014). Comunidad Indígena Taucán. Fondo Editorial. Gobierno Regional de Coquimbo.

martes, 22 de marzo de 2016

Duerme la preciosa Tenochtitlan

Presento el segundo escrito de la serie de México, esta vez sobre Tenochtitlan, la capital de la cultura Azteca, destruida por los invasores españoles en 1521

A través del espanto de sus espadas y las estrategias de comunicación, los españoles lograron hundir su puñal en Tenochtitlan en 1521. Cortés y sus secuaces, hábiles manipuladores de las voluntades humanas, urdieron un plan perfecto para cohesionar ejércitos en contra de los Aztecas. La historia aún no logra comprender el poco ahínco guerrero de Motecutzoma, el tlatoani (rey azteca) que permitió que los invasores ingresaran casi sin inconvenientes al lago de Tezcuco. La posterior resistencia del sucesor Cuauhtemoc, resultó ineficaz frente a las hordas invasoras, compuestas en su mayoría por bravudos tlaxcaltecas, el pueblo mayormente sometido por los europeos.


Tenochtitlan en el Metro

Aparece Tenochtitlan

Después de tres meses de sitio, angustia y ardua lucha, los españoles lograron apoderarse de Tlatelulco, coronando la invasión imperialista en el norte del continente. La soberbia española se fortaleció al conquistar y destruir la ciudad más impresionante y jamás vista por los ignorantes y violentos guerreros europeos.

¿Noche Triste o Victoria Mexica?

Altar Tzompantli y "detrás" la catedral

Mural de Craneos Sacrificados
La ciudad quedó en ruinas, una agonizante cultura ancestral quedó sepultada tras las catedrales y edificios de la sacrílegamente bautizada Nueva España. Las cruces se instalaron donde antes estaban los teocalis (casas de conocimiento), y el flamante azteca se transformó en indio, en la mano de obra esclavizada por la agresión, en el horror de las violaciones naturalizadas que dieron origen al mestizaje latinoamericano.





Obras de Motecutzoma I.


Después de siglos de opresión y silencio enmudecido de los pueblos nahuas, el estado de México, en vísperas de un proyecto nacional, usó la arqueología como instrumento político. Los arqueólogos encontraron los rastros de aquellos guerreros vencidos, de una cosmovisión misteriosa emanada del corazón sangrante de Huitzilipochtli. Las ruinas de los antiguos templos y ciudades dieron razones de sobra para hacer de México la capital arqueológica del continente.

Coyolxauhqui. Diosa Lunar.

¿Por qué le falta el vientre a Tlaltecuhtli, el señor de la Tierra?

La ahora silenciosa Tenochtitlan duerme bajo la actual ciudad de México. Sus ruinas se  asoman cuando se remodela la ciudad y hace recordar a sus habitantes que antes flameaban otros escudos. En algunos trances nocturnos aún puedes escuchar los tambores de guerra que la defendieron valerosamente y entre las calles pasan las sombras de los guerreros águilas, que alentados por los gritos de Cuauhtemoc murieron resistiendo, sin poder detener la peste invasora que llegó del otro lado del mar.




Máscara Azteca




Flamante Guerrero Águila


Tlaloc. Dios del Agua










viernes, 25 de diciembre de 2015

Toniná. Sangre para los Dioses Mayas

Toniná.
Sangre para los Dioses Mayas

La ida a Toniná estuvo llena de incertidumbre. Un poblado se había tomado la carretera de San Cristóbal a Ocosingo y estaba cerrado el paso. Yo tenía poco tiempo, ya que al día siguiente tenía que retornar a Tuxtla, para viajar al DF. En la combi (pequeño bus) nadie se atrevía a decir cuál era el problema. Nos tuvieron parados como una hora. Para pasar había que pagar una cuota a la comunidad. Cuando pudimos cruzar, se veía un lienzo en contra de unas autoridades del gobierno, los voceros hablaban en megáfono en lengua indígena, por lo que no entendía nada y una turba de 120 personas miraba amenazante los autos que pasaban.

José, un gran jefe maya y yo.
Finalmente llegué a Ocosingo, un pueblo de selva, me hizo recordar la amazonía; el calor, la humedad, ser el otro, en medio de rostros que me miraban extrañados. Las mujeres con sus atuendos originarios, las bananas, los borrachos, los tacos, la cultura…


Una ventana maya al infinito

Un baño Maya. 
Me desperté a las 6:30 am del día domingo. Tomé un breve desayuno y fui al mercado típico. Me iba a subir a una combi, pero estaba vacía, y tenía que esperar a que llegaran los pasajeros. Calculé un mínimo de 45 minutos, así que opté por un taxi. Cuando nos acercábamos al sitio, me di cuenta que la movilización era escasa, porque habían muchas personas esperando colectivos. Por lo que opté por volverme con José, el chofer del taxi.

Terminal de Ocosingo.
Toniná significa lugar de las piedras en lengua maya Zental, que se habla en la selva Lacandona. Fue hallada por la cultura occidental en 1690 por Fray Jacinto Garrido de la orden de los Dominicos, ya que los mayas le decían que había una ciudad perdida llena de piedras y túneles. El emplazamiento corresponde al período clásico maya, del 300 al 900 de esta era.

Toniná visto desde la carretera.

La ciudad de Toniná está en medio de la selva, rodeada de campos y animales. Su templo principal, la pirámide del sol (Kin en maya), está alineada para que en el equinoccio de primavera del 21 de marzo, el sol pase sobre el altar a medio día. Se ha descubierto el 30% de todo. Desde el templo del sol, se puede apreciar que aún descansan muchas construcciones escondidas bajo los árboles.

El templo del sol (kin)
Pasajes de Toniná.
Fui a Toniná junto a José, el chofer del taxi. Toniná es un sitio maya glorioso, las pirámides se levantan futurísticamente en medio de la selva verde. Nos guió, Rogelio, un joven maya de la zona. Sabía mucho, había aprendido con el arqueólogo que estaba desenterrando Toniná desde hace 30 años. Nos contó que los mayas formaban ciudades o señoríos autónomos y que entablaban guerras con sus vecinos. Al parecer, la vida de Toniná giró en torno a Palenke, la ciudad de Pakal el grande. Los jeroglifos indicaban que Bagnal Chak (cráneo del dios del agua), un jefe guerrero de Toniná, había apresado a ambos hijos de Pakal. El primogénito, Kam Balam, habría sido sacrificado en honor a los dioses el 700 de esta era. El último hijo, Kanchul (que significa pequeño cerdo) estuvo 9 años preso y finalmente fue muerto después de un juego de pelota. Aquello habría ocasionado la caída de Palenque en el 800 de esta era.

El juego de pelota con uno de los hijos de Pakal listo para el sacrificio

Un hijo de Pakal prisionero
Rogelio manifestaba cierto celo hacia Palenque, Yaxchilán y Bonampak, los sitios mayas del clásico con mayores visitas y que fueron los primeros en ser “descubiertos”. Le gustaría que Toniná fuera más concurrido, que se supiera más su importancia. Decía que los murales de Bonampak eran chicos y que ya no se podían ver bien, ya que estaban cubiertos por un vidrio.


Toniná
Los mayas construyeron una sociedad estratificada, el pueblo no podía subir a los templos principales. Los reyes, una dinastía, veían todo su reinado desde las alturas. Realizaban sacrificios de los enemigos, ofrendaban sangre y corazones a los dioses. Cuando los reyes temían algún riesgo, ellos mismos ofrendaban sangre, hasta que perdían la conciencia, o hasta que cambiaban su estado ordinario. Se cortaban las venas de las muñecas y a veces se perforaban el pene con espinas o lancetas de mantarrayas.

Vista desde el templo del sol.
La cosmovisión y el misticismo estaban plasmadas en su cultura. Al parecer sus construcciones estaban acondicionadas para cambiar el estado de conciencia de los pobladores. Los túneles que representan el inframundo generan un efecto subjetivo que te traslada a otra dimensión. Lo mismo sucede en la cumbre los templos, donde la vista del paisaje y la magnificencia de las construcciones producen un inevitable sentimiento. Pero su conocimiento no era accesible para todos. El elitismo maya me hace sospechar de las interpretaciones puramente místicas que se hacen sobre ellos, ya que también hubo guerra, violencia, dominio y tortura.

Un jugador de pelota maya "tocando" con la cadera.

Mural que representa las distintas fases o soles de la historia maya.
Nos fuimos a las 11:40 de allá. José me fue a dejar al terminal de Ocosingo, tomé una camioneta hasta el bloqueo del camino y después un taxi hasta San Cristóbal. Llegué acá a las 14:00 así que se acabó el problema del horario. Me fui contento, la agitación inicial se desvaneció en la selva, se fue con el canto de los pájaros y se fundió en el silencio de Toniná. Quedé con un sentimiento de felicidad, quizás los antiguos tenían razón al considerar el sufrimiento como una fuente de purificación. La tensión, la espera y la incertidumbre fue mi pequeño sacrificio para alcanzar la cima de la antigua ciudad maya.

Cerámica que representa un culto al cacao.

Rostros de los mayas antiguos
Un prisionero de Toniná.




domingo, 2 de noviembre de 2014

Lago Ranco. Donde se Reúnen las Piedras.

Tras habernos venido a vivir a la región de Los Ríos, comenzamos a buscar nuevos sitios emplazados en el sur de Chile. Desde los petroglifos que encontramos en el seco, caluroso y semi desértico valle del Choapa, tuvimos que hacer un giro para encontrar el rastro del ancestro en un terreno verde, húmedo, lluvioso y frío.


Haciendo contactos con diversas comunidades Mapuche Lafquenche y Williche, comunicándonos con grupos especialistas en piedras tacitas, logramos dar con la cuenca del lago Ranco, un lugar histórico, de gran relevancia cultural y ancestral.

Gracias a Marcos Moncada, miembro del Grupo Tacitas, logramos seguir la pista de varios sectores asociados a petroglifos y piedras tacitas del lago Ranco. Nos tardamos algunos meses en coordinar una salida a terreno, hasta que el pasado 27 y 28 de septiembre iniciamos una excursión hacia Bahía Coique, un lugar reconocido por sus vestigios arqueológicos.



Una vez llegamos a Bahia Coique, asombra la presencia del lago Ranco, el tercero más grande de Chile y que tiene una historia de magia, cultura y resistencia mapuche que se mantiene actualmente.

Cuando preguntamos sobre las tacitas a los lugareños, ellos nos dieron coordenadas que al principio sonaron confusas. Por ejemplo; “siga derechito, después hay un letrero que dice canchas de tenis, por ese camino no se meta, tampoco tiene que dentrar hacia la playa, siga hasta que vea un camino de piedras, allí sigue y como a 10 minutos va a ver una pampita, allí están esas piedras, nosotros les llamamos piedra de los platos o de las tazas porque tienen unos hoyos así grandes…”

Vista desde la Piedra Tacita

Confiando en las indicaciones, seguimos esa ruta, siempre inseguros de si realmente habíamos entendido bien. Llegamos a un sector residencial, compuesto por  grandes casas de veraneo, donde consultamos a Arturo, un cuidador que estaba trabajando el huerto de su patrón. Él nos dijo que había escuchado sobre las piedras, pero que no las conocía.

Arturo nos dijo que las piedras estaban en terrenos de Piñera, que  había cruzar un cerco y que, por sobre todas las cosas, había que caminar seguros de que las íbamos a encontrar, que era la manera de hallarlas.



No pude ocultar mi asombro de que ahora los sitios ancestrales están en los fundos de los personajes más millonarios del país. En el norte, muchos sitios son parte o colindan con las propiedades de Luksic, y en el sur las piedras tacitas están en tierras de Piñera.


Me dijo que hace unos meses habían venido unos españoles y que su hijo los había llevado. De repente se acordó y me dijo, pero aquí el patrón tiene una piedra en su sitio, y nos invitó a visitarla. Efectivamente había una tacita, donde los perros suelen tomar agua. Empecé a darme cuenta que todo ese sector debió haber sido un sitio de alta ocupación, donde las tacitas quizás indicaban un sitio habitacional de las familias o clanes, y como investigó Latcham hace varios años (1924), las comunidades debieron haber adorado a las piedras (Cura en lengua mapuche) donde posiblemente dejaban ofrendas o las utilizaban para depositar agua (Co en mapudungun) que representaba regalos a los dioses.

Los perros beben agua de algunas tacitas.

Cruzamos el fundo de Piñera, y nos encontramos con una pampa extensa donde descansaban varios montículos de roca. Entre uno de ellos, se debía encontrar la famosa pieza lítica. Seguimos caminando y hallamos un grupo de vacas enormes que nos miraba curiosas, crucé un cerco y llegué a una gran piedra que estaba a ras de suelo, allí había una tacita alargada.



Seguí caminando hasta que vi un pequeño montículo formado por rocas, subí ese cerro y hallé la bella piedra que tenía unos 14 orificios de forma elíptica. Me llamaron la atención las diferencias que habían con las tacitas del norte que se destacan por ser más redondas, estas eran alargadas y extensas. Me situé en el lugar y me imaginé a las caravanas que venían a celebrar ceremonias (wetripantu o nguillatun), o a discutir temas (trawun o cawin). 



El sitio está emplazado en una posición estratégica desde donde se ve la Bahía Coique, las montañas de la cordillera y el sur del lago Ranco. Por su ubicación espacial debió ser  un sitio de reuniones, que los pueblos consideraban sagrado, en el que marcaron con tacitas la importancia de esa piedra, que en lengua mapuche se llama cura cahuín, o piedra de encuentro. Me quedé con la duda de si este sitio seguía siendo ocupado, pero seguramente está en la memoria de las comunidades aledañas que  mantienen firmemente su propósito y cuidado de estas tierras sagradas.